El cierre del último programa de la temporada

Hoy voy a hacer un cierre corto, lo importante ya está dicho o al menos hemos dicho algunas cosas importantes, aunque no vayan a servir para nada, si hubiéramos querido ser útiles habríamos dedicado el tiempo a cuestiones más prácticas.

Hoy acaba ‘El Palquillo’ y nos dejamos cosas por decir y cosas por hacer, seguro que muchas, por eso estoy seguro de que esta temporada podría haber sido mejor, también si hubiéramos tenido más tiempo y algunos medios más, pero si esto no fuera una cuestión de aficionados habríamos perdido todo lo bueno que podíamos haber hecho.

Mañana volveremos a pensar en otras cosas con la tranquilidad que produce saber que no hay que pensar en un programa nuevo, cuidaremos otros aspectos de nuestras vidas y seguiremos trabajando por hacernos un hueco en el mundo. Casi nada de lo que hemos tratado aquí es trascendente, al menos para mí, y lo poco importante seguro que habrá pasado desapercibido entre la enorme cantidad de cosas que no lo eran.

Hasta aquí ha llegado esta temporada, no sabemos si habrá una próxima y hasta dentro de unos cuantos meses tampoco me preocupa mucho, tengo muchas cosas entre manos como para preocuparme. Seguro que hay mucha gente que no habrá compartido lo que hemos dicho –me parece estupendo–, si lo compartieran tendríamos cosas muy diferentes en nuestra ciudad, es ridículo que alguien coincida con nosotros y no cambie su actitud. Tampoco hemos inventado nada, no me refiero desde la primera temporada a esta tercera, sino en general, en esto, como en la vida, está todo inventado, sólo hay que saber leer en los sitios adecuados. Pero estoy seguro de que nadie lo habría dicho igual y sobre todo, nadie habría dicho mejor que nosotros lo que queríamos decir. Conocemos nuestras limitaciones, pero también sabemos lo que aportamos y eso no lo aporta nadie más que nosotros, por esa razón tenemos un hueco en este minúsculo mundo.

Ni más ni menos, esto ha sido ‘El Palquillo’, quien lo ha escuchado lo sabe. De ahora en adelante nos vemos en Internet y en la calle. Sin venia que pida permiso, sin cierre que abroche cada emisión y sin gente con la que coordinar horarios para hacer los programas. Tampoco habrá referencias a ese que ahora se va a dar por aludido, sí, a ti, “so chipichanga”, que cada año vas a peor y no paras de demostrarlo, en ‘El Palquillo’ lo sabemos hace mucho tiempo. Y Rafa Ortiz no tendrá que aguantar nuestras meteduras de pata y seguro que Radio Compás va a marchar más acompasada sin nosotros.

Lo que sí quedará es gente molesta con lo que hemos dicho –todavía hay gente molesta con lo que dijimos el año pasado, así que este que aun no ha terminado ni les cuento– y también gente que disfrutó de lo que hemos hecho, pero lo importante no es eso, no lo hicimos ni por unos ni por otros. Lo importante es que estamos aquí y el lugar al que hemos llegado viniendo de tan abajo.

Hasta otra.

Problemas técnicos en la última emisión

Por motivos ajenos a ‘El Palquillo’ el último programa no ha podido ser emitido íntegramente y tampoco va a estar disponible al completo para escucharlo desde internet.

El equipo del programa quiere pedir disculpas a los oyentes por estos problemas. Eramos los primeros interesados ya que cada programa nos lleva bastante tiempo de preparación y coordinación.

Además de una duración sensiblemente más corta que las emisiones anteriores, en el programa hacemos referencias a contenidos que no han sido emitidos, lo que provocará una lógica confusión entre los oyentes, esto nos entristece más si cabe.

Esperábamos tener un fin de temporada más tranquilo y más lucido pero no ha podido ser. La temporada termina y de ahora en adelante nos veremos por las calles y en Internet.

Un saludo cordia de Pablo, Alberto y Diego.

El último programa de la temporada (12 de abril)

En este programa nos visita don Pedro Rodriguez, alcalde de Huelva, y tenemos un análisis pormenorizado de la inminente Semana Santa con nuestros dos expertos de cabecera, Fernando Guillén y Víctor Valle. Además, Pablo Camacho abre el programa con su correspondiente venia, Diego Cabrera despide la temporada con su cierre y ambos hacen un pequeño análisis sobre lo que ha sido el programa y la temporada.

EL PALQUILLO Nº4 con Pablo Camacho by Radiocompas on Mixcloud

Por cuestiones técnicas ajenas a nuestro programa, está última emisión se ha visto recortada y no  se la podemos ofrecer integramente. Además de un programa sensiblemente más corto de lo habitual, hay referencias a material que no ha sido emitido por motivos técnicos  que no van a poder subsanarse.

El equipo de ‘El Palquillo’ quiere pedir disculpas por este hecho a todos los oyentes, nos hubiera gustado despedir esta temporada como debe hacerse y como estaba preparado.

El cierre de Diego Cabrera al programa del 3 de abril

Sobre homenajes y cambios de rasero

Fenecer, morir, pasar a mejor vida, desaparecer, diñarla, “irse con Manolete”, dejar de fumar, irse al cielo, cascarla y así podríamos estar hasta casi el infinito enumerando términos y expresiones que significan lo que todo el mundo sabe, pero el tiempo nos ha enseñado que también implican otras cuestiones.

Verán, me explico mejor: Desde hace unos días vivo con una sensación extraña, La Venia dedicada a Juan Manuel Gil ha sido la publicación más escuchada entre los podcast de nuestro programa y el tercer contenido más escuchado entre los podcast de Radio Compás. Además, por el número de visitas que esa entrada ha registrado en nuestro blog, el pasado viernes fue el día que más visitantes y visitas hemos registrado en nuestra corta historia aventajando por mucho al segundo día más exitoso. Cuesta decir y escuchar el adjetivo “exitoso” cuando lo relacionamos con una persona que ya ha muerto.

En ‘El Palquillo’ contamos con muy pocos recursos y las minúsculas previsiones que nunca hacemos se desbordaron más allá del número de visitas a nuestro blog, llegándonos felicitaciones por las redes sociales, “me gusta”, “favoritos”, “retwiteos”, etc. Incluso nuestro servicio de alojamiento web nos escribió felicitándonos por el incremento del tráfico. Como escuché una vez en una canción, “cualquiera es cualquiera y encima lo niega”.

Debido a esto a y otras circunstancias me ha dado por pensar: ¿‘El Palquillo’ será mejor programa cuando deje de existir? ¿Los cierres que hacía mi hermano –sí, Jesús Cabrera es mi hermano– son mejores ahora que ya no los hace? ¿Los montajes “cubistas”, según Eduardo Sugrañes, que llevaba a cabo Pablo Camacho en los cultos a la Purísima Concepción serán mejores cuando se tenga la certeza de que nunca más volverá a hacerlos? ¿Juan Manuel Gil es ahora mejor de lo que fue en vida? ¿Adolfo Suárez tiene ahora más amigos que votantes en las primeras elecciones democráticas? Y sobre todo: ¿Lo máximo que podemos hacer para encumbrar nuestra obra, cualquiera que sea, y recibir elogios es desaparecer? Visto así, con cierta perspectiva, la lógica nos lleva a un razonamiento infantil que ni si quiera me voy a preocupar en exponer aquí.

Pablo Camacho, director de este programa, le guarda un gran aprecio a Juan Manuel Gil y lo muestra tanto en público como en privado, me consta desde hace mucho y me lo dicen la relación que mantiene con la familia de Juan Manuel, como lo conocemos muchos, su preocupación en los momentos de enfermedad y sus visitas. Además, cualquiera que haya compartido un rato con Pablo habrá oído pronunciar su nombre con reverencia, pero no nos engañemos, las muestras de aprecio y reverencia en vida son fenómenos bastante aislados que vemos practicar muy poco.

Lo que no es un fenómeno aislado ni extraño es que cuestiones que levantan cierta polémica o morbo reciban el respaldo de las audiencias. Lo he vivido en primera persona en El Palquillo y en otras de mis aventuras como juntaletras: un accidente de tráfico, más aún con muertos, recibe más atención por parte del llamado “respetable“ que una vida salvada, de la misma forma que un texto que sin querer levanta cierta polémica recibe más visitas que otro sencillo, agradable y cercano sobre los miles de detalles que deja la Semana Santa y su preparación.

Es más, pongo la mano en el fuego sin miedo a quemarme y les digo: si yo hubiera hecho el legítimo y merecido ajuste de cuentas que dije que no iba a hacer durante el primer Cierre estoy seguro de que hubiera sido una de las entradas más visitadas en nuestro blog y hubiera provocado multitud de comentarios, incluso llamadas de teléfono.  Y les aseguro que no iba a ser porque me guarde frasco de talento e imaginación para tales menesteres y el resultado fuera alta literatura, además, la alta literatura no recibe mucho respaldo por parte del público masivo. Por cierto, esto va para ti que te vas a dar por aludido: en ‘El Palquillo’ no te olvidamos y menos yo, cada vez que te vemos no podemos evitar una sonrisa de “medio lao”, como la de Pedro Navajas.

Pero volviendo a lo que me ocupaba: Este fenómeno es culpa nuestra que siempre andamos buscando subir el número de visitas. Nada tiene que ver que la gente dedique más tiempo a personas que ya no están entre nosotros cuando merecieron su respeto y su atención mucho antes o que guste prestar atención a detalles polémicos y morbosos. Ni mucho menos, imposible que sea así. La gente es muy buena gente.

Antes de irme sólo quiero dejar un último apunte: Juan Manuel Gil, igual que muchos otros, merece el mismo respeto ahora que antes, el mismo que mereció durante su enfermedad y cuando estaba sano, de la misma forma que Eduardo Sugrañes es un “profesional” con mala redacción hoy ,que lo digo yo en ‘El Palquillo’, y hace muchos años, cuando ya lo dijeron en El Contraguía.

El programa del 3 de abril

En este programa entrevistamos a don José Vilaplana Blasco, obispo de Huelva. Además, Iván Macías nos habla del Liceo de Música de Moguer y Emilio Muñoz Jorva de la actualidad de la Hermandad de la Cena y sus sensaciones en su último año como hermano mayor. Como siempre, Pablo Camacho introduce el programa con una venia sobre los hermanos que no están por la labor de hacer que sus hermandades progresen y Diego Cabrera cierra el programa hablando de los homenajes y los diferentes raseros para medir a las personas. Por último, Pablo Camacho y Diego Cabrera repasan el programa destacando lo más importante.

EL PALQUILLO tercer programa de la temporada 2014. by Radiocompas on Mixcloud

El Cierre de Diego Cabrera al programa del 27 de marzo

La mano negra

Ustedes los conocen, igual que Pablo o que yo, Alberto ha vivido las historias en primera y tercera persona. Los podemos encontrar en las casas de hermandad, en las barras de los bares como daifas esperando a que alguien les compre su historia, algunos hasta escribieron un libro y se publicó. También están entre los costales un día de ensayo o con entrada en primera fila para lo que ellos consideran el fin del mundo cuando sencillamente es gente que ocupa el sitio que ellos no pudieron o no quisieron ocupar, y lo único que han hecho ha sido tomar decisiones –a veces muy acertadas, pero eso les da igual.

No los confundamos con aquellos cofrades que sólo pecaron de saber más, de soñar más, de apuntar más alto e incluso llegar y que optaron por abandonar el morrión de su hermandad ante los insultos, el escarnio público y la burla de los ignorantes. A estos también los conocemos.

Yo les hablo de victimas de sí mismo, gente que cavó su propia tumba cuando pensaban que iban encaminados a la gloria. Mastican bilis por un cargo que ya no es el suyo, un cargó que en muchos casos nunca volverán a tener.

Hubo un tiempo en que las hermandades eran su casa y como tal las consideraron, cuando eso dejó de ser así sólo les quedó un pensamiento: ninguno de los que vendrán después lo hará mejor que ellos. En una minúscula parte quizá así sea, pero les falla la actitud; olvidaron que antes de que ellos estuvieran allí las hermandades existían, como continúan existiendo tras su marcha, aunque hayan tenido las llaves de la hermandad junto a las de su casa mucho tiempo.

El tiempo fue también el que se encargó de quitar de en medio a unos pocos, otros fue su propia vida personal y viven de un pasado glorioso que sólo ellos recuerdan, porque las hermandades no son de nadie, las hermandades son personas en plural. Les hablo de los habitantes de covachuelas de un palacio que realmente nunca existió, pero del que ellos nunca se cansaran de hablar como si les fuera tan cercano como la cama donde duermen.

Ninguno de ellos podrá disfrutar del perfil del paso de palio o del Señor mostrándole el camino cuando la cofradía se dobla sobre sí misma en dos calles, es una visión demasiado elevada; sólo pueden ver enemigos en el puesto que otros ocuparon después o en aquel otro que nunca pudieron ocupar. Tampoco les alegra saber que este año la cofradía saldrá con más monaguillos que nunca, siempre han pensado que las hermandades son cosa de hombres y que el resto son adornos que sólo quedan bien para el día de salida.

Rechazan cualquier cosa que no se pague con dinero o cualquier logro que se consiga sin su intervención, evitan todo lo que no sea ellos y su camarilla. La realidad es que se sienten pequeños e indefensos ante gente que no se conforma con lo que tiene, ante gente que sabe que hay un culto mejor que está en su mente y por el que merece la pena trabajar, que investiga y que ya ha aprendido más cosas de las que ellos sabrán en su vida.

Y por supuesto, son intermitentes en sus amistades, por eso les da igual destrozar un momento bueno sencillamente porque no es el suyo. Hace tiempo que perdieron de vista ese dogma que dice que “las hermandades son para disfrutar”, prefirieron enmascarar en la supuesta entrega a un titular su propio encumbramiento. Muchos no estuvieron ni se vieron a sí mismos en la soledad de una casa de hermandad limpiando la cera de una tulipa prestada y tarareando una marcha mientras soñaban en el año que está por venir y trataban de olvidar el sueño acumulado por los días de montaje, esas tareas son para “machacas” y “maricones”, no para ellos.

Son… “la mano negra”. Viven detrás de todo y esa es su existencia, la sombra. Sólo entienden una cosa: manejar. Piensan que algo tan pequeño como una hermandad es la obra de una vida y sólo son personas equivocadas aspirando a que el mundo haga lo que ellos digan, aunque no estén en la junta de gobierno, eso es demasiada ocupación para ellos, o tal vez lo han estado demasiado tiempo, quizá ya no pueden estarlo o sencillamente los hermanos decidieron otra cosa.

Pero los hay en otra versión, aquellos que no se conforman con decir y enfadarse porque no se hace lo que ellos dicen, hay una versión peor: son aquellos que pretenden entorpecer el camino de la hermandad por la que ellos dijeron darlo todo sin ver que esa misma actitud demuestra que sólo se lo dieron a sí mismos. Son seres que se molestan ante los espíritus limpios y trabajadores que buscan su propio camino, les enfada la curiosidad y les incomoda que haya gente que no les ha prometido lealtad ciega porque, quizá, esos anónimos o no tan anónimos de la hermandad descubran más verdad de la que ellos jamás podrán contemplar. En definitiva, son gente asustada ante el mundo.

Ya era hora de hablar más de hermandades y menos de cofradías en ‘El Palquillo’.